...y no, no me refiero a esta historia (ficticia y mala a más no poder, pero me da igual, yo me desahogo escribiendo cosas así), sino a la triste y verídica (—¿Ya estás exagerando otra vez? —Cállate de una puta vez y déjame escribir, coño) historia del diente suelto de Guismo.

Ayer el diente pasó a mejor vida, si es que se puede hablar de vida en los dientes sueltos, y si se puede considerar mejor la vida en la bolsa de la basura (hasta que los del basurero den cuenta de la bolsa, claro) que en la boca de un perro muerdematorrales. Y noto que Guismo me mira mal, yo creo que me echa la culpa de que el diente se desprendiera finalmente. O a lo mejor está harto de que le haga de rabiar, que cuando estoy de exámenes me pongo muy pesada con él 0:-)

El caso es que estaba ayer el pobre tirao en el suelo de su segundo rincón favorito, durmiendo. Y como me dio pena hacerle de rabiar, por eso de que se le veía feliz y cómodo y guapo ahí echado, me puse a rascarle la barriga un poco. Total, que caricia va y lametón viene y al final a Guismo le dio por estornudar; y como estaba echado de lado y yo arrodillada junto a él, me dio con el hocico en la pierna. Cliticliticlin, diente al suelo.

Está muy gracioso mellado, parece un niño de 4 años. Pero me sigue dando penita.